sábado, 22 de febrero de 2014

Comienzos de un Coach Financiero.



Nuevamente estoy aquí con ganas de comenzar y, como bien cabe esperar, por el principio.

Si hay alguna característica sobre mi personalidad que destaca sobre las demás, es mi sociabilidad. Por esta actitud, conozco a muchas personas de diferentes ambientes, formas de vida y foros. Gracias a ella, vengo analizando desde hace ya un tiempo, la forma en que cada uno de nosotros nos desenvolvemos con el dinero, tanto el que llega a nuestras manos, como la forma en que le permitimos que salga de ellas.


Aquí, y teniendo en cuenta que estoy generalizando, hay una nota común en la mayoría de los mortales: sabemos con cierta exactitud cuánto y cómo ingresamos, pero no sabemos tanto cómo lo empleamos. Esto es así porque la mayor parte de las veces la fuente de ingresos es una única y las de destino son muchas y variadas. Como una imagen vale más que mil palabras, me gusta asemejarlo con un embudo, pero un embudo invertido. El orificio de entrada es pequeño y solo uno, mientras que la parte de abajo, más ancha, permite que casi según entra le dejemos salir.


En todo este análisis, me he dado cuenta de que este hecho es común a muchas personas, independientemente de su nivel de ingresos, e independiente también de las mejoras económicas que se hayan podido ir dando a lo largo de sus vidas. Esto es así porque nos es muy fácil acondicionar el nivel de consumo a los nuevos niveles de ingresos.


En consecuencia, aprecio varios puntos muy claros:


1.- Hay un importante contenido social y educacional en nuestra forma de desenvolvernos con el dinero.

2.- Hay un claro aspecto psicológico y emocional en el destino de nuestros consumos.
3.- Hay una escasa cultura del ahorro y una falta de concienciación social, acerca de las ventajas que nos puede aportar éste y la necesidad creciente con que nos encontramos.


Una vez me percaté de estas cuestiones, traté de hacer un análisis pormenorizado de la cantidad de sensaciones y emociones que en mi persona provocaba el dinero. No solo su ausencia o existencia, tanto en mi bolsillo como en mis cuentas, sino de los diferentes estados de ánimo que la gestión del dinero me iba causando. Y para que no parezca que divago en voz alta me explico:


¿Quién no ha disfrutado especialmente de una copa/cerveza cuando había tenido un buen día?

¿Quién no ha salido de compras en un momento de bajo ánimo y ha vuelto más contento?
¿Quién no ha sentido una gran satisfacción cuando ha visto ingresada la paga extra?
¿Quién no siente una profunda ilusión cuando se compra un coche/casa nuevos?
¿Quién no ha sentido la necesidad de hacerse un viaje, más que por conocer un destino nuevo, por la necesidad que sentía por desconectar en el momento en que lo pensaba?
¿Quién no se ha recreado alguna vez pensando qué haría si le tocase la lotería y no se ha planteado lo mismo imaginando que se podría quedar sin ingresos?

Todas estas circunstancias, y otras tantas más, llevan asociado un sentimiento, una emoción, un remover dentro de uno mismo, que a veces se nos pasa por alto identificar y que nos hace comportarnos con cierta impulsividad.


Como comenzaba diciendo, todo ello me ha hecho plantearme la forma en que vivimos nuestra economía y a diseñar una serie de nuevos conceptos, herramientas, filosofías que no hagan más que ayudarnos a tomar conciencia de ello, a valorar nuestras finanzas como parte de nosotros mismos, y a hacernos responsables, en lugar de seguir echando balones fuera como con tantas otras cosas en nuestra vida.


Como comentaba la semana pasada, pretendo ser crítico porque gracias a ello, y siempre desde un punto de vista constructivo, es como el ser humano y las personas evolucionamos. Aprecio claras complicaciones con la gestión individual de las finanzas personales, y tengo  herramientas y nuevos conceptos para abrirnos a una nueva forma de entenderlo. Así pues, tengo mucho contenido en la cabeza y muchas ganas de hacerlo, pero me gustaría que fuerais vosotr@s l@s que me vayáis indicando vuestras preferencias.


Espero con ganas vuestr@s comentarios.


Un abrazo gordo.


Javier.





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