viernes, 24 de junio de 2016

3 Causas de Dificultades Financieras





Si buscamos en internet sobre finanzas personales, lo primero que aparece son cerditos, esas huchas que tantas veces hemos visto y usado. Algunos de esos hucha-cerdito están lesionados haciendo referencia a la mala gestión financiera que se hace. Un buen comienzo para encontrar buena salud financiera es analizar los motivos por los que perdemos esa salud. Hoy vamos con tres:




1.- No saber cuál es la verdadera situación de tus finanzas personales.

Es clave conocer la situación de la que partimos. La mayoría la tenemos en mente, sabemos cuánto vale el piso, por cuánto podríamos vender el coche y cuánto debemos en préstamos.

Es necesario tenerlo por escrito y poder seguir la verdadera situación de tus finanzas personales. La mejor manera es coger papel y boli y empezar a escribir desde fuera hacía dentro, desde lo más grande hasta lo más pequeño:


     -Primero, calcula y ordena qué cantidades debes, a qué plazos, a qué tipos de interés y qué cuota y con qué periodicidad has de pagar por ellos.


     -Después convendrá listar también las propiedades que tienes, igualmente de más valiosa a menos. En este punto no es necesario llegar a un gran detalle y desmenuzar todo lo que hay dentro de nuestro armario o en el trastero, bastará con incluir aquello que tenga un valor considerable (ladrillo, ahorros, vehículos, joyas...)


      -Si calculas la diferencia entre lo que tienes en propiedad y lo que debes por ello, podrás tener un primer cálculo de tu situación en este preciso momento.


Una vez está delante reflexionemos: ¿Debes más de lo que tienes? ¿Ha cambiado el precio de alguno de ellos? ¿Ha subido o bajado? ¿Tienes ahorros?

No te tomes este ejercicio demasiado en serio, en este momento solo pretendemos ganar un poco más de conciencia.




2.- Endeudarse por encima de los niveles aceptables.

Hace un par de días en una conversación volví a escuchar la responsabilidad que tienen los Bancos en esta crisis por haber dado más financiación de la que algunas personas podían asumir.

Este es un comentario que escucho con cierta frecuencia y no pretendo rechazarlo ni confirmarlo, simplemente quiero reflexionar sobre el grado de responsabilidad que tenemos cada uno a la hora de aceptarla financiación que me ofrecen, bien para una gran compra, como un piso, una reforma o un coche; o bien para un consumo más pequeño como una televisión o unas vacaciones.

Otro día explicaré cuáles son los criterios que estudian los Bancos para conceder o denegar una operación, pero en este momento quiero destacar un cálculo muy usado. Hay que sumar todas las cuotas de préstamos que tienes y dividirlo con tu nivel de ingresos habitual.

Un ejemplo, la cuota de mi hipoteca, el préstamo del coche y el préstamo de una financiera para pagar unos muebles, nunca deberá sobrepasar el 40% de mi nómina, o de los ingresos familiares. Este es el porcentaje máximo, lo recomendable sería que se acerque todo lo posible al 30%, y por supuesto mejor si queda por debajo.


Fórmula: (Cuotas / Ingresos) x100 = <40%


Una vez hecho tu propio cálculo, ¿cuál es tu situación mensual? ¿en qué porcentaje de endeudamiento te encuentras?

Esta cifra no es aleatoria, se estima que necesitamos una buena parte de nuestros ingresos para vivir, no para pagar deudas. Además del pago de deudas hay muchas más partidas que considero fundamentales (formación, viajes, vacaciones, transporte, averías, imprevistos, jubilación, etc.), pero como explico en otra publicación la principal es el ahorro.




3.- No tener un presupuesto personal.

Se dice que las personas ricas dedican una media de una hora mensual para gestionar sus propias finanzas. Si pensamos que esta gente tiene gestores, fiscalistas y asesores patrimoniales que les facilitan los detalles bien desmenuzados, aún así, dedican mínimo media hora a la semana para revisar sus números y el estado de sus cuentas, tiempo bastante desviado de la generalidad de la sociedad.

Si no me marco unas prioridades dentro de mis ingresos y gastos, no defino un orden a la hora de gestionar mis finanzas y no me acostumbro a revisarlo, difícilmente seré capaz de ahorrar y de conseguir mis metas.

Me he encontrado mucha gente que gracias a tener unos sueldos cómodos eran capaces de que les sobrase dinero al final de cada mes. No les quito mérito, pero esto no es ahorrar y mucho menos planificar. 

Empieza a serlo cuando defines una cuantía e intentas mantenerla mes a mes. Cuantas más partidas diferentes definas y más capaz seas de ajusarte a cada una de ellas, más cerca estarás de llevar un presupuesto.

Es verdad que la primera vez que se hace lleva tiempo. Suele costarnos desmenuzar nuestros números, normalmente porque enfrentarnos a ello implica enfrentarnos a nosotros mismos y adquirir la responsabilidad de mi decisión y gestión. Y claro, es más fácil seguir quejándose, aunque haya motivos para ello, que tomar las riendas de lo que me sucede, y con mis números también.

De cualquier forma, algunos de los ejercicios que propongo en las publicaciones los hacemos en los talleres de formación en Finanzas Personales. Las sesiones de coaching, están también para ayudarnos a ello. Tener un acompañante en este proceso nos facilita y nos ayuda a sobrepasar las dificultades con conceptos y herramientas.


Quiero terminar con un comentario de Benjamín Franklin: "el camino hacía la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro".


¿Seguimos trabajando nuestras finanzas?





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